Vicky Martín Berrocal

Tengo muchísimas formas de expresar mi admiración, pasión por Vicky Martín Berrocal. La primera de ellas es llamarla Victoria, porque siempre ha sido de mis nombres favoritos y todas las Victorias que be conocido en mi vida (mi tata, una mujer increíble que dormía bajo un retrato del Gbe Guevara y vestía turbantes) me han traído suerte y dosis altísimas de cariño.


Victoria es demasiado mujer para llamarla Vicky. Es exuberante en todo, en físico, en pelo, en sonrisa, en gestos y palabras, en energía. Vive entre tres ciudades, cuida a su hija de siete años con absoluta entrega, diseña fantásticos trajes donde mezcla su raíz andaluza con su concepto siempre personal del estilo. Lee continuamente, nuevos autores, novelas que seguramente descubren para ella nuevos mundos, universos donde expandir su siempre expansiva personalidad. ¡Por supuesto que el móvil es más que un aliado para ella! Pero es d mínimo defecto que puede tener una mujer que está permanentemente en acción.


A mi me encanta Victoria! Podría pasar días enteros con ella, un Rocio, una Feria, una maratón televisiva, encerrarme en Gran Hermano, induso. Porque es divertida, culta, a veces hechizada también. Y siempre tan femenina, tan completamente hembra. El día de su cumpleaños por ejemplo no dejaba de admiraría, enfundada en un traje que la volvía todavía más Ava Garner, unos zapatos que cubrían sus pies como si fueran una mano protectora, un maquillaje suave pero exacto, el pelo, los ojos y todo el tiempo pendiente de cada uno de los invitados como si fuera el único. Se reía, seguía el hilo de las conversaciones, cuidaba cada detalle de la fiesta, bailaba, palmeaba. De pronto era una dama, al siguiente una niñita feliz entre sus regalos. Maravillosa. Una vez le dije que día era capaz de apasionarse de la misma manera por un hombre que por un par de zapatos y creo que ella adora esa definición. No solo demuestra su gran sentido del humor sino su capacidad de duplicarse en muchas Victorias. Por eso me encanta que se manifieste en tantos campos a la vez. Una mujer Victoria no puede quedarse encerrada en un solo sitio.


Ella está hecha para hacer del mundo no un pañuelo, sino un bolso que llevar al hombro.


BORIS IZAGUIRRE




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